Buenas, queridos amigos:

Anoche terminó el Célebre Trofeo Carranza de futbol, disputado en mi bella Ciudad Cádiz. Como siempre desde hace muchos años, los gaditanos, turistas y veraneantes, han celebrado la final del mismo torneo, con una familiar velada a la orilla del mar de nuestra playa de la Victoria, considerada la mejor playa urbana de Europa, junto a la lumbre de una buena y exquisita barbacoa, que hacia las delicias de niños y mayores.

Haciendo analisis de unos años para aca se ha visto como la velada tan familiar como era antaño, ha dado paso a la trapisonda y el estruendo causado por un pseudo botellon. Donde ya las fogatas de carbón se cuentan con los dedos de la mano, pero donde los litros y litros de alcohol que invade el litoral podría emborrachar hasta a la propia fauna. El desmadre y el caos es total, muchas personas juntas, embebidas de alcohol hasta llegar a la sirrosis hepática, solo puede provocar un hecho puramente lógico, pasar por encima de los derechos de los demás y provocar ingentes rozamientos con las parcelas colindantes.

Pasear por el paseo marítimo a determinadas horas del Trofeo es por completo un espectaculo para las pasiones y los excesos, donde las bacanales romanas orquestadas para ganarse el favor del Dios Baco, se quedarían ridiculas al lado de las variopintas situaciones de este acontecimiento.

Pero dentro de este exceso y de esta barbarie, que solo deja sacar del ser a la parte más primitiva de este, se puede encontrar un hueco para la razón y el dialogo interesante, entre colegas ilustrados, que lejos de quedar atrapados por las tensiones emocionales propias de los hominidos involucionados, se elevavan en propias y ajenas conversaciones sobre la trascendencias de temas tan universales como el mismo hombre que dirigía la ponencia. La velada se antojaba cada vez mas interesante, según avanzaban los temas que caian ante nuestras propias ansias de discutir los temas que se nos agolpaban, extrayendo de este circulo interesantes reflexiones, sobre la música, el arte, la historia, la política, entre otras cuestiones.

Esta simple dicotomía que realizo, entre la separación del barbaro y el ilustrado, tan solo viene a reflejarnos como dos ambientes utilizan una misma cosa (la celebración del Trofeo), pero de manera distinta, mientras unos se empequeñecen a costa de sus instintos, otros se engrandecen gracias al intercambio de saberes. Es esto lo que hace buenas las barbacoas, que entre tanta pobredumbre de la masa, se puede sacar virtud de la excelencia.

S. M. I. El Emperador