Buenas, queridos amigos:

Ayer estuve en una cena, de las típicas y multiples que se suceden estos dias en todo lo largo y ancho del mundo sobre estas fechas, de navidad. Dicha cena se desarrolló con mis queridos amigos, a los cuales aprecio en sumo grado. Estos (y por eso escribo este artículo) me pidieron que en nombre del grupo dijera unas palabras, como colofon final y a modo de brindis, para poner la guinda y el broche a la cena, antes de dar rienda suelta a la diversión y la marcha. Menos mal, que ya me habian puesto de sobre aviso unos dias antes, y le estuve dando vueltas a la cabeza a una serie de preguntas: ¿Porque nos reunimos y para qué?

En los tiempos que corren, muchas veces y debido a los ritmos de esta frenética sociedad, pasamos por alto el “sentido de las cosas”, y las hacemos sin mas, tan solo movidos por una “opinio iuris” que nos impulsa a creer la obligatoriedad de dichos ritos, con el consiguiente vacío que ello provoca. O me diran ustedes que, es lo mismo esmerarse en un regalo, encontrarlo, envolverlo, custodiarlo y aguardar a ver la sonrisa de la persona…. que sentir la obligación de llevarlo a cabo sin mas, cogiendo lo primero que pillas, enredarlo en unas bolsas, meterlo en el ultimo cajón y darselo como se entrega una pastilla a un enfermo.

Pongo este ejemplo, como podría poner muchos mas y distintos, no se queden en la anecdota y profundicen en el sentido.

Por eso, yo no quería que mi velada, fuera un sin sentido, una incoherencia más del sistema secularizado en el que vivimos, que nos atrapa y no nos deja expresar el verdadero sentido de las cosas, las cuales sin dicho sentido, carecerían totalmente de valor, se evanescerían como un soplo de aire, en las frias mañanas de invierno.

Nuestro sentido cobra vida desde hace más de 2.000 años, nos nutre por dentro, nos reconforta y da sentido a nuestras vidas. Lo que pasa es que, estamos tan absortos en nuestros pensamientos que  dificilmente nos paramos a pensar, ¿porque suceden las cosas? o ¿porque tengo que hacer aquello? o también ¿que sentido tiene lo que hago?

Todo lo que hacemos en estas fechas entrañables, es recordar y rememorar, como Jesucristo, nuestro salvador, Dios de Todo lo Creado, nace de nuevo entre nosotros, para una vez mas dar su vida por nosotros. Ese es el sentido y entorno a ese sentido nos movemos.

En estos días, las familias festejan, rien y se reunen en torno a una misma mesa, que comparten entre todos, rememora a la Sagrada Familia, en ese pequeño portal de Belen, que hizo de refugio para dar acogida en este mundo al Señor.

Los amigos, tambien hacen lo propio se reunen, charlan, rien, se divierten, y recuerdan todos ellos como también, Dios se manifestó a traves del angel, a unos pocos pastores que estando ocupados en el mundo, en sus quehaceres, estos vieron la luz y acudiron a dar gracias y adorar al niño-Dios.

No hay mayor alegria que reunirse con los tuyos, y festejar en comunidad esa inmensa alegria que es que el amor de Dios nos junte a todos, porque es eso lo que siento al reunirme con los mios, con “mi gente”, una felicidad sin palabras, sino con obras, una amistad no de caretas, sino de rostros, una verdad no disfrazada, sino manifestada. Porque esa es “mi gente”, buena, sencilla, trabajadora, luchadora, sincera, agradecida, fuerte, sana, divertida, en esencia…. feliz.

En “mi gente” no existe la insidia, la malignidad, la porfiria, la envidia, porque ellos no son trites, ni atormentados, sino que saben reconocer que son humanos, que no son perfectos, que cuando caen se levantan, que cuando se doblan se enderezan, porque “mi gente”, los puso Dios en mi camino y a mi en los suyos, por un sentido, hacer de nosotros algo más que hombres, dando gracias a Dios de todas las cosas buenas, bellas y hermosas que nos pasan cada dia.

Y todo esto lo recordamos estos dias, en esas cenas, en esas quedadas, en esos encuentros, en esos paseos… en esas miradas, en esas caricias, en esos abrazos, en esos besos, en esos bailes.

Porque debemos dar gracias al sentido de nuestras vidas, que vino a este mundo a darnos su amor y felicidad, que no es otro que el Nacimiento de Cristo en el mundo, y gracias a ello seguimos festejando y dando gracias por todo lo bueno que nos pasa, y esperando siempre que el año que viene sea igual o mejor, junto a los nuestros, que el que hemos vivido. Porque pese a la adversidad y los problemas, propios del tiempo en el que vivimos, podemos ser felices, porque ya lo dice Dios: “Alli donde hubo una caida, sobreabundará la gracia”.

Al finalizar la velada y ya disponiendome a introducirme en mi placida y confortable cama, volvía yo a reflexionar, si “mi gente” habría captado mi mensaje o si mis propios nervios me habrian traicionado y todo se hubiese disuelto como un azucarillo, pero hubo un momento me hizo pensar, que alguna impronta habré dejado en sus almas, porque las miradas de personas del pasado, de gente desconocida, generaban un murmullo incesante ¿quienes son esos?, y al volverme y observar donde se dirigian sus miradas, recordé la frase que les dijo Jesus a sus apóstoles: “Y todos sabran que sois mis discipulos porque os amáis”. Y ya me quedé tranquilo y pude descansar, sabiendo que impronta les habia dejado y me habian dado… el amor.

DEDICADO A “MI GENTE”.

 

S.M.I. El Emperador

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